15 enero 2009

MAGA

Cómo íbamos tras de esas tiernas parejas, imitábamos sus movimientos, sus maneras de silenciarse a veces, Maga; tú nunca fuiste la que calmó mis ríos metafísicos, muy por el contrario, eras la llama que los avivaba. Cada encuentro casual nunca fue casual, y bien lo sabes, Maga, cruel musa llorando al borde del Sena por mi partida y mi final. Pero no era cierto, Maga, tú nunca me creías del todo, y tu manera de llorar era también una manera de atraerme como pidiéndote disculpas a ti misma o a mí, no lo sé bien, por lo rudo que a veces me ponía contigo. Casi siempre, digo, casi siempre callo algunos papeles invisibles que cayeron en el agua. Una vez no pude regalarte esa carta que tanto habías soñado que te diera. Se la llevó el agua o mis lágrimas. Habías sido acaso aquella mujer de la pequeña ventana, del cuadro de Juan Pablo Castel, esa mujer corriendo desesperada en una playa bajo invierno, bajo boca de mar; ese detalle que hacía que cada vez te acercaras más a mí, esa ventana donde la mujer vida solía correr mi manera de escribirte cada mañana al respirar, y al caminar luego de un café en las calles azules de París. Maga, me place recordarte así, como si estuvieras lejana, sobre todo lejana cuando miras el último incendio que acontece arriba de la noche en algún astro que se extingue.
Somos mortales, de eso me doy cuenta, pero a la vez adivino una pequeña constelación en el fondo del café, cuando ya te has ido por haberme puesto melancólico demasiado pronto, cuando esta vez no has perdonado nada y mis ojos han llenado esta taza vacía de café, como un toro triste que agoniza bajo la espada.

***

MIRAS el esqueleto de una hoja, derrumbas el esqueleto ciego de una hoja; pareciera que con tu inocencia y tu sonrisa que lo pregunta todo volvieras a recrearla, a inventarla en un juego cerrado de dedos de luz que originas en la mañana. Vuelves a dejarla en su sitio, y echas de menos: “¿!cuántas hojas ha traído el otoño?!” Paseas, sigues tu rumbo fijo que te va cercando de pasos; respiras, vives, eres como una pequeña persona única en el mundo. No tendré que sonreírte para abrir tu felicidad; mueves las cosas y las dejas intactas, es decir que no agredes el orden de las cosas; como la magia que enciendes, dejas intactas las cosas, como a esa pequeña hoja que estuvo a punto de morir, pero que tus dedos la volvieron a dejar tal y como estaba, como cerrando el ciclo de la reencarnación, como cerrando el movimiento de las cosas, como en un inicio intacto, como cerrando el ciclo de lo que nace y pervive.
[La Hendidura del Vacío, 2006-2007]
En: Kcreatinn, Año II, Vol. 1, N° 3, Cajamarca, II semestre de 2008

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Constelaciones

BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).