06 octubre 2007

Cartas (2006)


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En este desorden que ordena mi vida y la pone a navegar, en esta pasión que a ti me ata, suelo imaginarme a tu lado, poner un pretexto para escribirte, decir mentiras tan ciertas como que el Sol nos hace mirar de otra manera, el viento es fresco, el mar contiene toda la sabiduría. Pero sigo y temo. No tendré alguna hora de sosiego, no podré contigo cuando todos los árboles de la Tierra caigan sobre mis hombros, cuando todas las nubes estén por caer sobre mi pesadumbre. Si hay algo cierto es tu presencia, tu sola voz que se pierde en otro mundo, del cual ya estamos acostumbrados. Átame a tu destino, destroza mi ser con tu ternura, piénsame como sueles hacerlo cuando nadie te está mirando, suéñame, imagíname sin memoria, sin destino, sin morada. Yo he nacido para estar junto a ti, yo veo la luz porque sé que tus ojos me aguardan tras de las flores, el silencio de tu voz iluminada. Bajo la tierra, en la atmósfera, en el agua, en el fuego, tu cuerpo se difunde, tu cuerpo es la magia que siempre he perseguido. Tu voz me llama desde un mundo que he conocido siempre, yo acudo con la mente y te encuentro regando un jardín de rosas salvajes, semidesnuda y sonriente como en los tiempos primeros. Dame cabida en tu ausencia, que nuestras palabras se invoquen, que nuestros pasos se persigan. La conjunción será para nosotros el día que sigamos la misma ruta. La unión carnal nos hará libres. Sólo dame tu mano y acompáñame a sobrevolar el cielo lanzándonos desde la montaña más elevada de la Tierra. El espíritu de todos los seres somos nosotros. La vida, la vida, la vida, es la fuerza que nos sostiene, el beso que nos hace etéreos, la saliva que nos recorre las lenguas, el sudor, los flujos de los cuerpos friccionándose, la sangre al rojo vivo.

21-7-06



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Habíamos sido sacrificados por huestes brutales, habíamos sido borrados de la historia, de la memoria de los hombres. Nos encontraron en tierras sitiadas. Abusaron de nosotros y se tragaron nuestros corazones, hicieron un festín con nuestras vísceras. Los buitres terminaron con nuestros restos, los coyotes royeron nuestros huesos. Habíamos desaparecido de la Tierra. Ahora las tunas salvajes están rodeadas por una niebla helada en las mañanas, unas siluetas forjadas por los sueños. Somos nosotros sitiando la naturaleza, dando al Sol un pretexto para que esparza sus rayos en la Tierra, dando un espacio detenido a las aves para que con su canto den una oportunidad más a los suicidas, un darse cuenta de que el mundo después de todo tiene un pretexto que da paso a la vida, la vida que pulula pasada la muerte, la vida que es el espíritu de todas las cosas muriendo hacia el atardecer. El eco pronuncia nuestros nombres, el mar estalla en las rocas, la Tierra acoge las raíces, la vegetación es un rumor silencioso, los muertos son un sueño desesperado y nosotros el espíritu que mueve a la vida. Hemos vuelto en el aire, desde la muerte insondable de los hombres.
25-7-06

05 octubre 2007

El leve resquicio del amor (2007)

LA MÁS PURA LUMINOSIDAD CUANDO DUERMO

Rodeado de un perecedor estar
Sin la luminosa mano que me entregó al mundo
Apaleado por el cansancio de escuchar
Y soportar el mundo
Me retraigo absorbo atosigado
De seguir pasando los extenuantes días
De crecer al revés
Raíz predecesora de días prehistóricos
Como un huevo anhelante de mecer sus brazos
A la atmósfera incandescente
Al puro lado chispeante
De pantanos que me rodean
Al batiente silencio de encontrarme solo hostigado
A la más pura luminosidad cuando duermo
A la sólida oscuridad cuando despierto
Arañando el día
Retrayendo lo soñado
Hasta vencido concretado consumado
Este día que forma parte de una pared
Que no trepo
Ni temo golpear a tientas







MÁS ALLÁ DEL AMOR

Más allá de la piel
Más que las lágrimas
Más que un corazón herido
Más que el amor
En el centro mismo del ojo
En la pura carne vibrando
Por un solo espíritu
Al morir por un amor
Por una muerte que desaparece
Por una vida recién hecha
Por Dios
Bajo un solo camino
Como flores sobre la tumba
Ni una lágrima en el vaso repleto
Más que la vida y la muerte
Girando en un planeta creciente
Más que todo
Más que nada
Solos en una hoguera
Vivos bajo la Tierra
Darlo todo
Hasta sangrar lágrimas
Hasta ser un fósil encontrado
Con la forma viva de un corazón que late
Más allá del tiempo
Más allá del mismo amor
Siempre seremos parte de una rosa
La espina que sangra
La Luna que su amor reposa
En la infinidad que no contiene a dos


Las ramas de la noche (2007)

12

Peces dormidos derraman tus ojos

Tu nombre duerme junto a la Luna de mañana,
en cataratas mariposas amarillas
bajando por las piedras blancas hasta el río,
en viajes amarillos y desesperados
en fondo azul de los canarios,
en las flechas excelsas
que lanzan ángeles
a trinar primaveras
o a llorar inviernos:
tu nombre duerme en el luto de las golondrinas,

en el ladrido tranquilo de un perro solo
cuando calla el silencio en la madrugada

Tu nombre es el grito verde del viento
en las manos gloriosas de los árboles,
limpio hilo de música
en la mariposa blanca y plateada
hacia el celeste del tiempo

Si la voz cristal del agua hablara
diría tu nombre para sí,
tu nombre de agua que revienta en el cielo,
tu nombre que rueda hasta el agua
y tirita en lágrimas de agua
a la luz de lágrimas de Luna

La noche te arrulla
y tus brazos tienen frío
La noche se arrulla en el blanco de la Luna
La Luna se ha puesto sus lágrimas negras
y está llorando tu nombre,
llorando soles negros
tras de sus manos amarillas

Duerme arriba del cielo
esperando con las manos dormidas de los peces





24

Estás de rojo para besarte
Subes las escaleras ocultas
hacia donde respiras
Yazgo bajo tu cielo
Uno solo corazón el ansia
respira nudada tu cuello:
agua en collares rocío
Mi cuello mi voz mi viento
responde aire tibio al agua
Fresca tendida en la Tierra
Tu descanso arriba,
por los escalones dorados,
hacia tu cielo,
blanca hasta el Sol,
clara hasta la tarde con agua de viento
húmedo/tibio,
dorada en tardes salidas
Baja tu respiro
Me iré ciego a la Tierra
Vendrán las flores a traerte fresca,
agua en los sueños de un ángel,
agua,
música de alas
trae viento desde la era respiras,
deseosa de expirar en mis labios

Ángel (2007)

6

Voy al cielo para dormir en tus manos iluminadas
La monotonía de las rocas tendidas a la neblina
Subo por la carretera
Duermo el camino de allá
Mi gente huele a dolor en los vehiculitos de oriente
Una moneda rodando en el Sol de plata escondida frente
Garúa tiendo mi cabeza contra la ventana irrompible
para dormir sobre tus ojos para mis párpados abiertos

En cada casa de antaño de tejas musgosas de bordes negros grasosos
In umbrales gorriones viviendo sin volar
Gallinas bebiéndose un pomito de alcohol

No sé adivinar tu mirada en tus ojos
No sé cuán suave me eres

Déjame atmósfera,
quiero salir o entrar al hielo;
déjame deslizarme líquidamente libre,
traslúcido aun en el agua,
en esta solidificación que en mi libertad corre corre

Sólo duerme mis ojos
Duerme tus ojos
Tus latidos en mis manos
Sueño pétalos blancos de tu suavidad tu alma
Una rosa que abre la luz para el vacío calmante que dejas en Tierra
Ríos continuos desde tus ojos detenidos
Un ramillete de lluvia en el tercio pelo de tu pelo
Tu nariz tersa mis sienes
Tu lengua circula en la sangre de mis ojos

Luna a qué aguantar la lluvia de la Tierra
sobre el Sol escondido en tu angustia

Soy El Grande

Soy una luz diseminando desde un abismo
y tú puedes contenerme en la espuma de tu libertad,
viniendo lenta en el agua de tu voz,
lenta y fresca,
cual si el último arroyo del desierto incierto

Soy El Grande,
la tibieza lúbrica, total, infinita

Caes para mí en mi caída
El abismo es un punto en nuestro cielo,
el cielo desvanece involuntario, débil, doblegado,
sobre nuestros cuerpos desapareciendo a través de la madrugada
Un arco iris serpea,
cruza nuestra mirada
Un baño de estrellas derretidas tu lamento de mañana,
de mañana continua en alegría de agua





11

Un grillo apresurado canta en la noche invisible,
parece suspendido entre los pañuelos eternos

Hace ausencia

La ropa baila en mi cuarto negro,
las luces de un árbol de Navidad,
impacientes, fugaces,
al otro lado de la ventana de recarga

La muñeca olvidada intenta llorar
entre trapos blancos, calle arriba,
en alguna puerta

Hace ausencia la niña,
pensando de mentón a horizonte, sobre el muro,
al otro lado de la Navidad

Hace ausencia
El frío es común a la atmósfera,
los bien a los mercedes
y la vida a los pasos

Es extraño el espejo cuando estoy ausente. en mi cara.

Hay callejones de sol negro y vomito amarillo
Hay callejones de sol negro y vómito amarillo

Como algo que se dijo y se olvidó,
te he dejado parada y nada. Sola.

Soy una piedra blanca esperando de filo, de duda,
en el desierto,

al otro lado de la Navidad

La hendidura del vacío [2006-2007]


TU DOBLE NEGRO

Las puertas cerradas para los corderos perdidos.

A tanta herida abierta, a tanta espina clavada en la piel,
sucumben los sueños de un muchacho que corre
hasta alcanzar su propio clon encadenado y suicida.

El padre ebrio, brutal,
ha olvidado que alguna vez también se es hijo
haciendo añicos el espejo que nos mira.
La madre en un insomnio interminable
desgrana rosarios rotos, negros,
como si se pudiera cambiar el curso de las cosas
que caen para sí
en una lluvia podrida de vísceras muertas.

Muchachos callejeros
con una botella reventada en todo su ser.
Un arma blanca
en caso de que la gente sea como es
y nada pudiera remediarse.

Dejar que todo suceda como un pájaro destrozado
en el parabrisas de un carro a toda velocidad
en la noche cruel del pasado, a ciegas,
atados a una cadena de vidrios que nos gritan
que los hijos malos
también tienen una lágrima escondida
en el rostro desesperado,
con sudor y remordimientos,
una canción estridente en toda la esquina
de palabras desperdigadas,
cárceles de arena inamovible.



HOMBRES RUDOS EN TIERRA BERMEJA

Sitiaban bosques al amanecer,
enterrando sus sueños en el negro fango
hasta llegar a un claro
donde comían y reían;
luego, al bajar a la aldea
jugaban con el agua en el río,
desnudos,
libres de obligaciones y números,
en un suave rito
que llevaban las aves a la neblina,
hasta que, al anochecer
se acurrucaban a relatarse
anécdotas inciertas,
al sabor de un trago del lugar
o alguna canción de Sanz
que hacía suspirar las tablas
y los pechos rudos, como siempre,
separados de la lluvia caliente.



EL RAPSODA ESPAÑOL DORMITA
SOBRE EL TECLADO

Mientras me la casco,
el otro rapsoda dormita sobre el teclado,
en el viejo continente.

A fuerza de un vacuo reggaeton,
instila cortinas de plástico azul
protectoras de zopencos urbanos
apertrechados de lo que es ajeno.

La barra de estado busca prendas íntimas
rasgadas por púber dentón
que babea en senos decentes
sobre minúscula plegaria
de beatas que visten de bigote
y lloran sobre el caldo frío
sin pan reseco.

El rapsoda activa la derecha
y sale ensabanado al trabajo
que bien le da los frejoles
a rapto pasado.



YO LAS PREFIERO USADAS

Me gustan las mujeres no tan guapas ni tan grotescas;
pálidas, mirando al pasado,
sus ojeras desde un rosario oscuro y brillante,
una marea de constelaciones en movimiento,
una suerte quebrada desde muy jóvenes.

Me gustan las peores,
las que no muestran su instinto de rameras
y las que bostezan en las sectas de palabras agusanadas;
las que tienen un hijo gordo;
las que no enseñan anillos ni moral
puesta en mantel de hogar destrozado;
las mujeres apagadas en una pared de sombra,
azules y frías,
con ese aspecto de plañideras en tierras santas;
las mujeres enamoradas de un poeta
cuyo mal es el remedio de los hombres;
me gustan todas esas,
mujeres rotas,
muñecas de trapo sucio y orinado,
sin ojos,
con la boca y el ano cosidos;
las dos piernas izquierdas
y la grieta babosa, irritada
hasta volver a casa llorando
con un sabor a verga en la boca
y una culpa enhiesta entre las tetas.



MI PADRE

Quien viaja siempre con un maletín verde
que porto hasta el taxi en que desaparece
con su gran cabeza cana;
mi padre,
quien visitó valles y pueblos calurosos;
quien almorzó como a las 7
hígados muertos o corazones fritos
y frotó contra una puta su miembro reseco
y sembró mentiras blancas
en el jardín de repollos helados;
mi padre,
aquel extraño que suele venir
un par de días a los tiempos
a aburrirnos con sus pingües mandados
en cucharita de té;
el extraño verde que oye a mi madre ladrar
y duerme frente a la tele;
el fanático que grita hasta la esquina goool;
el que desmayaba sus brazos en el ropero
y luego los bajaba hasta llegar gateando a la cama
después de horas de jarana
con sus patas de agronomía;
mi padre,
el viajero amarillo bajo un espino
y un eructo de hígados muertos o corazones fritos
cuando se prolonga la tarde hasta el fragor de los ríos.



PARADOJA DE LOS BUENOS ACTOS

El ave que prepara un lugar en el árbol para hacer su nido,
el trabajador que recibe la charola y luce una alegría en los labios,
el sepulturero que tendrá algo para el día con la tristeza de los muertos,
el médico que vive de las enfermedades,
el matarife que no siente el temblor de los animales con miedo,
el cura que no puede bostezar en pleno sermón,
la beata que no atina echar a rodar su rosario,
la prostituta que es capaz de llorar en la oscuridad,
el ingeniero que puede ser sensible,
los dolores,
los viajes,
las letras que avanzan
y cuentan una historia
o poetizan una vivencia,
Dios y su preocupación única y múltiple,
El Fuego La Luz La Poesía,
el silencio precediendo al gallo que ha cantado,
el amanecer,
el rumor encendido de los hombres.



FUERA DE LAS CASAS

Respirando el estentóreo espíritu de las calles.
Todos duermen dentro de las casas
bañadas de smog,
duermen tirando las llaves a una canasta
velando junto a una puerta
que alguien despierte
y por momentos me ausculte
respirar en los relojes
latiendo en las paredes corroídas
por el tiempo de volver,
oscilando sincronizadamente con los pinos
que roncan tardes frías,
aves celestes,
suaves vigías del temblor
de estudiantes deprimidos.



LA TIERRA Y LOS HOMBRES

Trépate a la Tierra en movimiento,
a su vertiginosa maldad,
a sus desastres naturales;
que te sienta respirar
con los dedos clavados, desnudo;
que imite tu aullido al final del desierto,
que ahume tus sueños,
que haga explotar tu esperma
con el calor de su centro.

La Tierra es un ojo celeste
con fieras aullando al compás del movimiento;
nunca crece ni derrama sus aguas,
nunca emite luz, sólo la recibe del Sol;
lleva plantados postes concretos
pendiendo luces que despiertan,
cables que oscilan sincronizados con los viajes,
tristes viajes como garzas que voltean, que vuelven
y posan árboles gigantes y solos
en una era de cambios climáticos,
en una era de conciertos industriales,
de latas rodando con el viento
y siliconas y cirugías y gimnasios;
Tierra en lenta desaparición,
errando al vacío sus penas,
su frío sideral y sus montañas;
los hombres te trepan, Tierra nueva y rimbombante,
día por día,
gritando, envejeciendo a través de las ventanas.



LO MEJOR DE LO PEOR

Más de lo que puedes dar
o tener,
menos de lo que eres
o puedes ser;
el común denominador de todas las cosas
está en mostrar el filo;
qué tan animal puedes ser,
qué tan duro, impenetrable;
no siempre llueven rosas cuando adviene el amor;
los charcos tienen un no sé qué de encanto
cuando la Luna baña su hermosura en ellos.

Ya no hay preguntas, espacios;
un hombre cae en su verso,
una mujer palidece entre sus manos;
abraza todo esto,
no siempre llueven rosas cuando adviene el amor,
ni todos los charcos se ven tan mal
cuando en ellos la Luna baña su hermosura;
no todo en el mundo está mal,
alguna línea te hará sonreír bajo un árbol de espinas.



LOS OLORES

El olor del arroz cocido después del mediodía,
el olor de la paz del canto de las aves;
el olor que producen las legiones de mariposas amarillas,
las piedras blancas en el río,
los esqueletos de algunos peces al sol, otrora en agonía;
el olor que despiden los hornos donde se cuece el pan vespertino,
el olor de una muchacha virgen,
el de una papaya partida,
el olor del cebiche y los mariscos,
el olor que dejan los amantes después de su primera batalla,
el olor de la amada tras partir;
el olor de las bocas temblando en las estaciones interprovinciales;
el vaho tumefacto de las discotecas,
la pestilencia de las borracheras,
el olor tibio de los caldos a las cinco de la mañana;
una fragancia floral proveniente de la mesa de noche, sentado en la cama;
el olor de los sueños al despertar vacío, a punto de llorar;
el olor de los micros con pasajeros preocupados,
el olor de los hospitales con almas muertas haciendo cola;
la hacinación, el olor en los mercados,
en las plazuelas, en los ejércitos, en los manicomios,
en las cárceles con gritos desgarradores;
la tufarada de los baños públicos,
el olor de la violencia en medio de una madrugada;
el olor de la muerte efervesciendo en plena vida
cuando no hay un segundo para declinar con la sombra,
cuando se ha evaporado el olor de una bestia que te llama.



VISIÓN DEL EXILIADO

Llanos de esperanza y sin abrigo que azote la soledad acostumbrada,
signos ilusos como al levantar con el alba los ojos,
y ni la sonrisa forzada que enmudezca en el lecho pasado,
ni la nada que es un solo humo que nace con desesperación de todo principio volcado.
Ni la nada, ni las cárceles, ni los manicomios, ni las putas sin piel ni alma.

Esto que me pasa es el tiempo y no la aglutinación de recuerdos como clavos que sangran.

Estoy como quisiera estarlo. Estoy aquí, sin otra recompensa que mis sagradas escrituras.

Y, vagamente asumo, que allí abajo, en el reino de los desposeídos,
migran a cada instante las luces, los fugaces parpadeos de un tiempo sin demora,
como esa tos incesante de los tísicos que claman y llagan sus culpas sordas e inmunes al olvido,
el olvido que permanece en la memoria de los ciegos sin temores ni esperanzas que azoten el alba.

Hasta que por fin habré dicho sin error alguno en la lengua: esto es lo que miro, nada más, como un resignado dios calmo.

Pero ya me encuentro aquí, sentado, dueño de mi poder y de mi sombra. Tranquilo de poder mirar lo que siempre he sido.

Series absurdas [2000-2002]


03-JFC-SA-5-2-00 “UNSUBSCRIBE SOCIETE”

A continuar
Cesa la lluvia en orígenes del trigo,
ahogado en la ceniza. cesa la harina de la tempestad
Desviste las heces, pára el frío
A la espalda figuro. Trenzas
Las personas acabadas dejarlas.
Allá en mi paria,
un cactus se inscribe


36-JFC-SA-10-6-00-INJERTO EN T

Aviene trasluz
Secas lágrimas
Clareando y cediendo
las rosas no hieren
si más nos baste no acercar
Cada una se abre,
cada una tiene una herida necesaria
Yo veo las rosas
Ella sabe detener todos los silencios
Su mano un rostro acabado, un pétalo sangre,
cuando mueren
Sahumerio lácrimo
A la negada mirar La espalda medita
Culmine este buz
No honda sangre
De hieres cae esta lluvia

Antisueños [1998]


Felices los felices allá atrás,
atrás donde hablo y todos me oyen callar
y es todo color del silencio aquí lejos,
silencio de loco harapar

Toma tu mano se ha caído,
toma la mía:
rompe las rondas blancas de papel

Aurora pesa sueños,
aurora de vacíos
Las ciudades grises deprimidas
Si me quedo en la cama siempre dormiré
El azul ya no despierta,
niña vida, sí vendré!

O el azul mariposa rumbo al Sol,
a gatos cariños mariposas
en rodillas de Gioconda bajo el sol,
o el plañir campanario de las horas
o la zuma vereda que volteo
La calle duerme tanto como el gato de los viernes
Náuseas verdes cristálidas
Ríos sedientos en las calles violadas
de pasos mojados por zapatos
no soportan el agua chocolate,
caliente suspirar de las quebradas
cuando subo a mi habitáculo
gritos vidrios sangres coaguladas


E
sfriega las luces
Una boca recién alienta el caos
Sube todas tus extremidades
Al frente ahí tu desemejante,
tu mono en hambre de vacío

Esfriega tus pómulos,
cuña bien la última lágrima;
puerta bien,
cerrajero de llaves perdidas además,
allava bien las cadenas,
Ulises de frentes perdidas,
ebrio antílope con la boca abierta al caos,
prurito de alucinaciones

Lluvia de fuego en tus muertes de ceniza
más allá mi camino te espera
La cuerda tendida al otro lado
y la caída te levanta
el remedo, la bestia reída del espejo

Rama de sangre,
vino al cielo,
estómago vacío
brotando estambres de alma en Tierra
Riego de copas al tiempo

El otro lado de la cuerda
Ciego en pañuelos negros de montaña
Estómago vacío
con la frente en un poema de pasos

Ángeluz [2000-2001]




Es Domingo, el último de nuestra existencia. Recostados sobre las hojas admiramos la vitalidad del astro, la roja matriz donde todo es fuerte, suave, a la vez. Una cadena de agua nos circunda. Las hojas soportan ese atavío natural. Nos soportan además. Soportan la luz. La vitalidad nos soporta. Las puertas de la percepción. Un domingo al cual nadie pidió que nos mataran, de tanto en tanto, oscila una bandera, de humo en humo, de quietud en soledad. El dolor de sentirnos en domingo, en siempre, en gracias, en perdón, en dar e irse, en mirar y soportar el viento que revolotea tu pelo. Pasar a través de este domingo, por el salto de una bocanada a través de mis ojos, el salto a la oscuridad. Bocanada al canto vidrioso. Los ojos para seguir. Los párpados. Todo fluya. Otra vez vienes desde ahí. . y no lo sabías, y nunca lo sabes y no lo hayas sabido. Acaso lo sabrás. .Nunca sabemos nada cuando lo sabemos. Algo es tener la razón. Todo. Para. O la de tenerme colgado de tus dedos. Saberlo. Tu razón o la mía. Contra tu averno. Mi sueño. Nuestros. Perro ahorcado que no muere. No sabes lo que me sufres. Caminando suprimo la holgura de abrir los brazos. Contra mi propia libertad. Tu abrazo. Que echa contra ti raíces. Era tu domingo. Tu animal preferido. Y tan desaparecida y despreocupada. Como una antorcha visible. Y la noche que no cesa de llamarme desde ti Luna de días sucesivos interminables. Merezco ser Dios para saber por qué no sufro. Caer de tus dedos marioneta. Los dioses no sufren: Están vacíos, el abismo alrededor. Te vas. Quedan los cipreses yéndome, lo que te dije sonriendo. Estarías sentida. Bajar para no verte, subir para verte siempre. Flotar sonreías alejarme. Conexiones suntuosas. El apocalíptico retorno de la bestia de las aguas. Ploma en todo su ardoroso mar de grises y oscuros. La pasión caída. ¿Merezco ser el que asume el vacío de Dios? Tú no lo digas, anda. Merezco así o a mí. Dios no estará solo sin sufrir: Él nos ha creado la pasión interminable, para descansar mientras sufre, de vacío o de nosotros. El cielo siempre será gris. Y después mis ojos. Y tu sombra. Y la sombra de tus ojos. El rastro más puro de las lágrimas.



Cuál es el fondo de eso. Caminas. Guardas tus preguntas y alargas mis dudas. Paciencia al esperar cómo sucede lo que me sucede. Paciencia, pero no tranquilidad. Cuál es el fondo de eso. Caminas ida en alejar algún retorno mío. Yo que simplemente pienso en cómo soportar dejar de memorizar tu historia, del otro lado de nuestros recuerdos, sabe, los recuerdos entre dos personas que jamás han hecho de ellos acciones concretas, aunque mirarlas sea una acción concreta, la historia de los recuerdos que dejamos pasar. Como pensar en cómo y qué y cuándo y adónde y para cuándo dejar preguntas y enfrentar respuestas que pueden estar saliendo de la casa, izquierda, 6.5 cuadras, llega al otro lado de la puerta, decirlo todo, al final sólo darse por derrotado, seguir con la duda, felino a cuestas en la noche perseguido por la duda enfrentando arañando golpeando más más la furia ciega esta maraña roja de guerra, de estar así y no continuar más, así y no resolver, no responder, no ir. . Perdí el rastro de la poesía. Aun después de hablarte comprendo tu inexactitud para con el hielo. Yo recobraba tarde en la tarde mi futura, verte desesperanzada, otra vez saliendo a nacer. Yo que espero con este nerviosismo que ya me conociste sin hablar y que al pasar reconocías y hablabas al pasar. Comprendemos que ahora el silencio no está en la observación, al contrario, es una forma de contemplar tarde en la noche. La madrugada cruel ha dejado muy lejos las imágenes que más nos convendrían. Contemplar cómo llegué a estar pegado a tu cara, por los labios, y solitario desde que viniste a mi vida, solo para todo aquél que me rodea y me siente a mi lado a su lado. A ver!, cuéntame lo que me pasa. Acércate. Mas no es nada. Pasas. Retroalimentas las expresiones que no llegaron a alcanzarme dentro. La extensión inusual para escribir. Un discurso en soliloquio, la idea de tus palabras que golpean este manto de ceniza. La lluvia habla tus palabras. El viento recorre tu pelo y te recorre. La lluvia que no cesa me hace respirarte. La lluvia no me puede hacer llorar. Polvo en tus ojos (ir al grano). Polvo en el viento es darle demasiadas vueltas al asunto. La lluvia ha cesado. No puedo terminar con todo esto. La lluvia, mensajera de las nubes. Lo soporta todo. No sabe lo que sucede. La paz que te circunda, cerca a mi desgracia. La lluvia, el agua desde la paz, tu paz; las gotas, yo que circundo los charcos (y tu arriba) aquí lejos, horizontal mundano. Polvo en el viento es decidir por tu paz o tu desgracia, y no darle vueltas al asunto. Polvo en tus ojos.
Citas
"Las puertas de la percepción" (William Blake)
"cuéntame lo que me pasa" (César Vallejo)
"Polvo en el viento" (Kansas)

La luz de la certeza[2004-2006]


PRIMERA CITA

I

Una separación es una cueva sin fin, un mar sin fondo, una flecha infinita. La marea de la despedida nos entristece. Unas cuantas cartas, algunas llamadas telefónicas y la ansiedad por saber de la persona ausente, hasta que todo se convierte en un mirar de estrellas, de fotografías, tickets, notas y llaveros, imágenes que nos van convirtiendo en personas ajenas, en recuerdos empañados por una lluvia constante, marea alejando el barco del destino, precisamente de su destino, como si la Luna emitiera un presagio, un signo que nos resigna a separarnos, a ser como la primera mirada que cruzamos, una incomodidad del uno para con el otro, cierto asco humano comprensible entre dos extraños perfectamente desconocidos, y luego qué, la distancia, las espaldas volteando la esquina, el preciso instante en que haces gestos y te pones triste porque no te he dicho nada, como siempre, dos extraños sin cuesta ni bajada, sin planes ni teléfonos fijos en la mesa de noche. Una rara costumbre de vomitar encima del otro sin pedir disculpas. Unas miradas que median entre la pena y el odio, entre la rabia y el deseo, el vano suceso de extrañarnos como la primera vez que salimos.



IV

No aparezcas para recordarme que aún vivo, que aún soy un solo de guitarra perdido en la universidad. No aparezcas en mis sueños, no me contestes nada, no seas buena ni cruel. Me basta que seas nadie, que no agotes parte de tu orgullo en la puerta del desencanto. Sé así y pasa por mi vida a lo largo de los siglos. Ya sólo soy un fantasma en tu vida y sueles no verme mientras deseo algún aliento que me haga más invisible de lo que hasta hoy me has convertido, un trapo colgado llorando gotas de pasado, un trasto, un olvido.

Vironte (2005)





NOCHES MENTIRAS

Amar no sea una nube dorada que se va con el Sol y se extraña por la noche; una casualidad sea, una casualidad de tus actos indelebles en mis maneras de escucharte, en tus maneras de distraer mis palabras mientras nos contamos más lo que a ti te pasa.

Cuándo entrarás más. Extraño que todo se haya ido y tú puedas llenar el vacío de unos ojos mirados y otros mirando a donde ya no hay mirada. Y no he más. Y no.

Aceptar que el sueño terminó.

Una pregunta frente a la tuya. No muy cercana a los libros.

Dices que tienes que sufrir para no poder verme esperarte sin tu sufrimiento que no comparto. Persistes en seguirlo, y yo, con esta tranquilidad de apreciar noches mentiras, como todas estas palabras. ¿Las mentiras hacen sentir? Otra respuesta lo que te haga estallar bajo este mismo sol y este mismo celeste.





ÁRBOL NUPCIAL

Mujer despierta en mis sueños, quiero tu historia para leerla en todos los tiempos. Eres bienvenida. La paz es tu secreto, la risa es tu signo; criatura nocturna visible en el día; presagio, acercamiento. Tú restituyes el silencio dicho sólo para nuestras lenguas, esa palabra que todos oímos en el discurrir del agua, con el sombrero puesto y los ojos remotos.

Si te descubro al despertar, te olvido; si te olvidara al despertar, no existiría; alta noche, presagio de Luna, idea que se pierde al dirigir los ojos a un juego lento de alas.

Descubrimos que dos corazones son muy grandes para el cielo al mirar juntos, pensar separados, seguros de seguir pensativos. Dos corazones son exactos para toda la felicidad de un árbol.

Juntos, la vida de un hombre y una mujer es un sueño. Mujer despierta en mis sueños, hecha para los sueños. Mi vida en tus sueños, prendida en mis sueños, vela dormida.

A ti no se te acabarán los instantes aunque vengan las grietas y sumen los años. Sólo tú sabes de una mirada que no cambia desde la juventud. Sólo tú lo sabes. La juventud es eterna.
Cita
"Y no he más" (Luis Hernández)

Pasajero irreal (2005)


EL REZO DE LAS OVEJAS

Morir atado a un rezo,
uno mismo,
acostado
con una venda cubriendo los ojos,
apuñalado por el propio hermano
que nos vio verlo nacer
sin parpadear ni siquiera al solo hecho de morir
ajeno al dolor de puñales de espanto,
de balas injustas sembradas
como frustraciones de fracasos,
sembradas por los que diariamente mueren
guardando sus dolores
como escritos olvidados en cajones,
olvidados en acequias de horror,
morir techando lo plano,
destripando a los libres de pecado y encadenados de iglesia,
devastando ángeles violados por el arte,
el pobre arte en jerarquización desfavorable para sí mismo
en cuanto a la belleza;
ángeles hétero sexuales, bisexuales, trans, cis y todos los prefijos combinables
a las aberraciones de estos bichos alados y albos
que crecieron entre sadismo claroscuro y pureza
que deslumbraba párrocos gays, monjas lésbicas
reptándome la baba que asciende desde coágulos, humores
y otras atrocidades putrefactas
con las que se lubrican
con sus tacones negros, a mi siniestra, en alguna otra noche de espanto,
mientras vuelvo y recuerdo esto
y clavo mis uñas para no sucumbir a un pozo repleto de excremento
y ni la tarde ni los francos recuerdos anudados que nos hagan crecer
mutilen encontrones de locura
Un alma mater
Un hombre viejo rodando
Morir como quien ve crecer
Una flor amarilla
en azoteas de muerte




5.2- REFERENCIAS BIBLIOFILOGRÁFICAS

5.2.2.-

Miller caminando hambriento, Broadway devastado por la calidez casi fría del juego de luces urbanas. Banalidad brutal en escalones americanos que conducen al horror de casas limpias y ordenadas. La moral desvaneciendo los límites del amor. Hambre, comida; libido, carne bien pelada. Impresión de estar caminando intempestivamente, descubrir que de repente todo se ha convertido en una fiesta, aunque la futilidad siga adherida a la existencia. Futilidad adherida. Fatalidad adherida.
Calles siguen, teléfonos siguen por estas calles que van humedeciendo al paso de hombres, mujeres y bestias.
Un hombre tatuado deja el tambor que inauguraba el rito, pela a la mujer y da paso a lascivos relamidos largos pausados por los senos de Anais Ninn; al mismo tiempo un limosnero medita con un libro en la mano y en ese acto, sólo en ese acto deja de ser el hombre más desgraciado del mundo para convertirse en el más afortunado.
Flautines y otros instrumentos de viento escoltan una masiva orgía de mujeres babeando y friccionándose, yeguas, las tetas casi caídas pero desparramadas deliciosamente cuando es turno para el sacrificio. Matarifes afilando espadas. La res tiembla y se deja vencer por el miedo. Espadas despedazan la carne. Una explosión de estrellas continúa la fiesta cósmica, roja, luego azul, naranja, verde.
Una alcantarilla parte la calle de lado a lado. América, años treinta. Calles contaminadas de verduras podridas hacen rugir estómagos, putas de salón de baile ofrendan a Henry una concha bien lubricada en bandeja para regir el destino de sus matrices; todas ellas putas desde el principio, desde siempre; buenas putas nacidas para eso, gustadas para eso; una calentura de vientre que no apagan ni con un iceberg-verga taladrándolas, removiendo sus ovarios hasta sanar su enfermedad sexual. Arrechura húmeda goteando por intersticios cárnicos, cancrosos, venéreos, ya espiojados. En la oscuridad las aguarda Henry, buen chico, las tenazas de cangrejo ávidas crujientes al pellizco, al tacto. Sus cuatro dedos en un juego táctil removiendo labios, útero, matriz; otras, llegando a un departamento remoto; una mujer oriental abre la puerta maquinalmente, aún dormida, luce desnuda, por el fláccido movimiento de sus senos; su mano ya está recorriendo la guarida de pelos, el frente de dunas y curvas; su lengua juega con la lengua de la oriental, rueda el kimono; las arremetidas mecen el sofá, el piso, hacen oscilar la casa entera; casas enteras, calles enteras. Cerebro íntegro que gira y canta y eyacula. Cerebro en efervescencia actual, fresca, fáctica; polutas de humo que puede ser leche estática invadiendo el cosmos; leche intacta para una meditación instantánea. La Osa tendida, constelación menor que asalta la tranquilidad de la contemplación ordinaria de los seres.
Citas
"Una flor amarilla" (Julio Cortázar)

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Constelaciones

BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).