05 octubre 2007

Pasajero irreal (2005)


EL REZO DE LAS OVEJAS

Morir atado a un rezo,
uno mismo,
acostado
con una venda cubriendo los ojos,
apuñalado por el propio hermano
que nos vio verlo nacer
sin parpadear ni siquiera al solo hecho de morir
ajeno al dolor de puñales de espanto,
de balas injustas sembradas
como frustraciones de fracasos,
sembradas por los que diariamente mueren
guardando sus dolores
como escritos olvidados en cajones,
olvidados en acequias de horror,
morir techando lo plano,
destripando a los libres de pecado y encadenados de iglesia,
devastando ángeles violados por el arte,
el pobre arte en jerarquización desfavorable para sí mismo
en cuanto a la belleza;
ángeles hétero sexuales, bisexuales, trans, cis y todos los prefijos combinables
a las aberraciones de estos bichos alados y albos
que crecieron entre sadismo claroscuro y pureza
que deslumbraba párrocos gays, monjas lésbicas
reptándome la baba que asciende desde coágulos, humores
y otras atrocidades putrefactas
con las que se lubrican
con sus tacones negros, a mi siniestra, en alguna otra noche de espanto,
mientras vuelvo y recuerdo esto
y clavo mis uñas para no sucumbir a un pozo repleto de excremento
y ni la tarde ni los francos recuerdos anudados que nos hagan crecer
mutilen encontrones de locura
Un alma mater
Un hombre viejo rodando
Morir como quien ve crecer
Una flor amarilla
en azoteas de muerte




5.2- REFERENCIAS BIBLIOFILOGRÁFICAS

5.2.2.-

Miller caminando hambriento, Broadway devastado por la calidez casi fría del juego de luces urbanas. Banalidad brutal en escalones americanos que conducen al horror de casas limpias y ordenadas. La moral desvaneciendo los límites del amor. Hambre, comida; libido, carne bien pelada. Impresión de estar caminando intempestivamente, descubrir que de repente todo se ha convertido en una fiesta, aunque la futilidad siga adherida a la existencia. Futilidad adherida. Fatalidad adherida.
Calles siguen, teléfonos siguen por estas calles que van humedeciendo al paso de hombres, mujeres y bestias.
Un hombre tatuado deja el tambor que inauguraba el rito, pela a la mujer y da paso a lascivos relamidos largos pausados por los senos de Anais Ninn; al mismo tiempo un limosnero medita con un libro en la mano y en ese acto, sólo en ese acto deja de ser el hombre más desgraciado del mundo para convertirse en el más afortunado.
Flautines y otros instrumentos de viento escoltan una masiva orgía de mujeres babeando y friccionándose, yeguas, las tetas casi caídas pero desparramadas deliciosamente cuando es turno para el sacrificio. Matarifes afilando espadas. La res tiembla y se deja vencer por el miedo. Espadas despedazan la carne. Una explosión de estrellas continúa la fiesta cósmica, roja, luego azul, naranja, verde.
Una alcantarilla parte la calle de lado a lado. América, años treinta. Calles contaminadas de verduras podridas hacen rugir estómagos, putas de salón de baile ofrendan a Henry una concha bien lubricada en bandeja para regir el destino de sus matrices; todas ellas putas desde el principio, desde siempre; buenas putas nacidas para eso, gustadas para eso; una calentura de vientre que no apagan ni con un iceberg-verga taladrándolas, removiendo sus ovarios hasta sanar su enfermedad sexual. Arrechura húmeda goteando por intersticios cárnicos, cancrosos, venéreos, ya espiojados. En la oscuridad las aguarda Henry, buen chico, las tenazas de cangrejo ávidas crujientes al pellizco, al tacto. Sus cuatro dedos en un juego táctil removiendo labios, útero, matriz; otras, llegando a un departamento remoto; una mujer oriental abre la puerta maquinalmente, aún dormida, luce desnuda, por el fláccido movimiento de sus senos; su mano ya está recorriendo la guarida de pelos, el frente de dunas y curvas; su lengua juega con la lengua de la oriental, rueda el kimono; las arremetidas mecen el sofá, el piso, hacen oscilar la casa entera; casas enteras, calles enteras. Cerebro íntegro que gira y canta y eyacula. Cerebro en efervescencia actual, fresca, fáctica; polutas de humo que puede ser leche estática invadiendo el cosmos; leche intacta para una meditación instantánea. La Osa tendida, constelación menor que asalta la tranquilidad de la contemplación ordinaria de los seres.
Citas
"Una flor amarilla" (Julio Cortázar)

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Constelaciones

BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).