PRIMERA CITA
I
Una separación es una cueva sin fin, un mar sin fondo, una flecha infinita. La marea de la despedida nos entristece. Unas cuantas cartas, algunas llamadas telefónicas y la ansiedad por saber de la persona ausente, hasta que todo se convierte en un mirar de estrellas, de fotografías, tickets, notas y llaveros, imágenes que nos van convirtiendo en personas ajenas, en recuerdos empañados por una lluvia constante, marea alejando el barco del destino, precisamente de su destino, como si la Luna emitiera un presagio, un signo que nos resigna a separarnos, a ser como la primera mirada que cruzamos, una incomodidad del uno para con el otro, cierto asco humano comprensible entre dos extraños perfectamente desconocidos, y luego qué, la distancia, las espaldas volteando la esquina, el preciso instante en que haces gestos y te pones triste porque no te he dicho nada, como siempre, dos extraños sin cuesta ni bajada, sin planes ni teléfonos fijos en la mesa de noche. Una rara costumbre de vomitar encima del otro sin pedir disculpas. Unas miradas que median entre la pena y el odio, entre la rabia y el deseo, el vano suceso de extrañarnos como la primera vez que salimos.
I
Una separación es una cueva sin fin, un mar sin fondo, una flecha infinita. La marea de la despedida nos entristece. Unas cuantas cartas, algunas llamadas telefónicas y la ansiedad por saber de la persona ausente, hasta que todo se convierte en un mirar de estrellas, de fotografías, tickets, notas y llaveros, imágenes que nos van convirtiendo en personas ajenas, en recuerdos empañados por una lluvia constante, marea alejando el barco del destino, precisamente de su destino, como si la Luna emitiera un presagio, un signo que nos resigna a separarnos, a ser como la primera mirada que cruzamos, una incomodidad del uno para con el otro, cierto asco humano comprensible entre dos extraños perfectamente desconocidos, y luego qué, la distancia, las espaldas volteando la esquina, el preciso instante en que haces gestos y te pones triste porque no te he dicho nada, como siempre, dos extraños sin cuesta ni bajada, sin planes ni teléfonos fijos en la mesa de noche. Una rara costumbre de vomitar encima del otro sin pedir disculpas. Unas miradas que median entre la pena y el odio, entre la rabia y el deseo, el vano suceso de extrañarnos como la primera vez que salimos.
IV
No aparezcas para recordarme que aún vivo, que aún soy un solo de guitarra perdido en la universidad. No aparezcas en mis sueños, no me contestes nada, no seas buena ni cruel. Me basta que seas nadie, que no agotes parte de tu orgullo en la puerta del desencanto. Sé así y pasa por mi vida a lo largo de los siglos. Ya sólo soy un fantasma en tu vida y sueles no verme mientras deseo algún aliento que me haga más invisible de lo que hasta hoy me has convertido, un trapo colgado llorando gotas de pasado, un trasto, un olvido.
No aparezcas para recordarme que aún vivo, que aún soy un solo de guitarra perdido en la universidad. No aparezcas en mis sueños, no me contestes nada, no seas buena ni cruel. Me basta que seas nadie, que no agotes parte de tu orgullo en la puerta del desencanto. Sé así y pasa por mi vida a lo largo de los siglos. Ya sólo soy un fantasma en tu vida y sueles no verme mientras deseo algún aliento que me haga más invisible de lo que hasta hoy me has convertido, un trapo colgado llorando gotas de pasado, un trasto, un olvido.

