05 octubre 2007

La hendidura del vacío [2006-2007]


TU DOBLE NEGRO

Las puertas cerradas para los corderos perdidos.

A tanta herida abierta, a tanta espina clavada en la piel,
sucumben los sueños de un muchacho que corre
hasta alcanzar su propio clon encadenado y suicida.

El padre ebrio, brutal,
ha olvidado que alguna vez también se es hijo
haciendo añicos el espejo que nos mira.
La madre en un insomnio interminable
desgrana rosarios rotos, negros,
como si se pudiera cambiar el curso de las cosas
que caen para sí
en una lluvia podrida de vísceras muertas.

Muchachos callejeros
con una botella reventada en todo su ser.
Un arma blanca
en caso de que la gente sea como es
y nada pudiera remediarse.

Dejar que todo suceda como un pájaro destrozado
en el parabrisas de un carro a toda velocidad
en la noche cruel del pasado, a ciegas,
atados a una cadena de vidrios que nos gritan
que los hijos malos
también tienen una lágrima escondida
en el rostro desesperado,
con sudor y remordimientos,
una canción estridente en toda la esquina
de palabras desperdigadas,
cárceles de arena inamovible.



HOMBRES RUDOS EN TIERRA BERMEJA

Sitiaban bosques al amanecer,
enterrando sus sueños en el negro fango
hasta llegar a un claro
donde comían y reían;
luego, al bajar a la aldea
jugaban con el agua en el río,
desnudos,
libres de obligaciones y números,
en un suave rito
que llevaban las aves a la neblina,
hasta que, al anochecer
se acurrucaban a relatarse
anécdotas inciertas,
al sabor de un trago del lugar
o alguna canción de Sanz
que hacía suspirar las tablas
y los pechos rudos, como siempre,
separados de la lluvia caliente.



EL RAPSODA ESPAÑOL DORMITA
SOBRE EL TECLADO

Mientras me la casco,
el otro rapsoda dormita sobre el teclado,
en el viejo continente.

A fuerza de un vacuo reggaeton,
instila cortinas de plástico azul
protectoras de zopencos urbanos
apertrechados de lo que es ajeno.

La barra de estado busca prendas íntimas
rasgadas por púber dentón
que babea en senos decentes
sobre minúscula plegaria
de beatas que visten de bigote
y lloran sobre el caldo frío
sin pan reseco.

El rapsoda activa la derecha
y sale ensabanado al trabajo
que bien le da los frejoles
a rapto pasado.



YO LAS PREFIERO USADAS

Me gustan las mujeres no tan guapas ni tan grotescas;
pálidas, mirando al pasado,
sus ojeras desde un rosario oscuro y brillante,
una marea de constelaciones en movimiento,
una suerte quebrada desde muy jóvenes.

Me gustan las peores,
las que no muestran su instinto de rameras
y las que bostezan en las sectas de palabras agusanadas;
las que tienen un hijo gordo;
las que no enseñan anillos ni moral
puesta en mantel de hogar destrozado;
las mujeres apagadas en una pared de sombra,
azules y frías,
con ese aspecto de plañideras en tierras santas;
las mujeres enamoradas de un poeta
cuyo mal es el remedio de los hombres;
me gustan todas esas,
mujeres rotas,
muñecas de trapo sucio y orinado,
sin ojos,
con la boca y el ano cosidos;
las dos piernas izquierdas
y la grieta babosa, irritada
hasta volver a casa llorando
con un sabor a verga en la boca
y una culpa enhiesta entre las tetas.



MI PADRE

Quien viaja siempre con un maletín verde
que porto hasta el taxi en que desaparece
con su gran cabeza cana;
mi padre,
quien visitó valles y pueblos calurosos;
quien almorzó como a las 7
hígados muertos o corazones fritos
y frotó contra una puta su miembro reseco
y sembró mentiras blancas
en el jardín de repollos helados;
mi padre,
aquel extraño que suele venir
un par de días a los tiempos
a aburrirnos con sus pingües mandados
en cucharita de té;
el extraño verde que oye a mi madre ladrar
y duerme frente a la tele;
el fanático que grita hasta la esquina goool;
el que desmayaba sus brazos en el ropero
y luego los bajaba hasta llegar gateando a la cama
después de horas de jarana
con sus patas de agronomía;
mi padre,
el viajero amarillo bajo un espino
y un eructo de hígados muertos o corazones fritos
cuando se prolonga la tarde hasta el fragor de los ríos.



PARADOJA DE LOS BUENOS ACTOS

El ave que prepara un lugar en el árbol para hacer su nido,
el trabajador que recibe la charola y luce una alegría en los labios,
el sepulturero que tendrá algo para el día con la tristeza de los muertos,
el médico que vive de las enfermedades,
el matarife que no siente el temblor de los animales con miedo,
el cura que no puede bostezar en pleno sermón,
la beata que no atina echar a rodar su rosario,
la prostituta que es capaz de llorar en la oscuridad,
el ingeniero que puede ser sensible,
los dolores,
los viajes,
las letras que avanzan
y cuentan una historia
o poetizan una vivencia,
Dios y su preocupación única y múltiple,
El Fuego La Luz La Poesía,
el silencio precediendo al gallo que ha cantado,
el amanecer,
el rumor encendido de los hombres.



FUERA DE LAS CASAS

Respirando el estentóreo espíritu de las calles.
Todos duermen dentro de las casas
bañadas de smog,
duermen tirando las llaves a una canasta
velando junto a una puerta
que alguien despierte
y por momentos me ausculte
respirar en los relojes
latiendo en las paredes corroídas
por el tiempo de volver,
oscilando sincronizadamente con los pinos
que roncan tardes frías,
aves celestes,
suaves vigías del temblor
de estudiantes deprimidos.



LA TIERRA Y LOS HOMBRES

Trépate a la Tierra en movimiento,
a su vertiginosa maldad,
a sus desastres naturales;
que te sienta respirar
con los dedos clavados, desnudo;
que imite tu aullido al final del desierto,
que ahume tus sueños,
que haga explotar tu esperma
con el calor de su centro.

La Tierra es un ojo celeste
con fieras aullando al compás del movimiento;
nunca crece ni derrama sus aguas,
nunca emite luz, sólo la recibe del Sol;
lleva plantados postes concretos
pendiendo luces que despiertan,
cables que oscilan sincronizados con los viajes,
tristes viajes como garzas que voltean, que vuelven
y posan árboles gigantes y solos
en una era de cambios climáticos,
en una era de conciertos industriales,
de latas rodando con el viento
y siliconas y cirugías y gimnasios;
Tierra en lenta desaparición,
errando al vacío sus penas,
su frío sideral y sus montañas;
los hombres te trepan, Tierra nueva y rimbombante,
día por día,
gritando, envejeciendo a través de las ventanas.



LO MEJOR DE LO PEOR

Más de lo que puedes dar
o tener,
menos de lo que eres
o puedes ser;
el común denominador de todas las cosas
está en mostrar el filo;
qué tan animal puedes ser,
qué tan duro, impenetrable;
no siempre llueven rosas cuando adviene el amor;
los charcos tienen un no sé qué de encanto
cuando la Luna baña su hermosura en ellos.

Ya no hay preguntas, espacios;
un hombre cae en su verso,
una mujer palidece entre sus manos;
abraza todo esto,
no siempre llueven rosas cuando adviene el amor,
ni todos los charcos se ven tan mal
cuando en ellos la Luna baña su hermosura;
no todo en el mundo está mal,
alguna línea te hará sonreír bajo un árbol de espinas.



LOS OLORES

El olor del arroz cocido después del mediodía,
el olor de la paz del canto de las aves;
el olor que producen las legiones de mariposas amarillas,
las piedras blancas en el río,
los esqueletos de algunos peces al sol, otrora en agonía;
el olor que despiden los hornos donde se cuece el pan vespertino,
el olor de una muchacha virgen,
el de una papaya partida,
el olor del cebiche y los mariscos,
el olor que dejan los amantes después de su primera batalla,
el olor de la amada tras partir;
el olor de las bocas temblando en las estaciones interprovinciales;
el vaho tumefacto de las discotecas,
la pestilencia de las borracheras,
el olor tibio de los caldos a las cinco de la mañana;
una fragancia floral proveniente de la mesa de noche, sentado en la cama;
el olor de los sueños al despertar vacío, a punto de llorar;
el olor de los micros con pasajeros preocupados,
el olor de los hospitales con almas muertas haciendo cola;
la hacinación, el olor en los mercados,
en las plazuelas, en los ejércitos, en los manicomios,
en las cárceles con gritos desgarradores;
la tufarada de los baños públicos,
el olor de la violencia en medio de una madrugada;
el olor de la muerte efervesciendo en plena vida
cuando no hay un segundo para declinar con la sombra,
cuando se ha evaporado el olor de una bestia que te llama.



VISIÓN DEL EXILIADO

Llanos de esperanza y sin abrigo que azote la soledad acostumbrada,
signos ilusos como al levantar con el alba los ojos,
y ni la sonrisa forzada que enmudezca en el lecho pasado,
ni la nada que es un solo humo que nace con desesperación de todo principio volcado.
Ni la nada, ni las cárceles, ni los manicomios, ni las putas sin piel ni alma.

Esto que me pasa es el tiempo y no la aglutinación de recuerdos como clavos que sangran.

Estoy como quisiera estarlo. Estoy aquí, sin otra recompensa que mis sagradas escrituras.

Y, vagamente asumo, que allí abajo, en el reino de los desposeídos,
migran a cada instante las luces, los fugaces parpadeos de un tiempo sin demora,
como esa tos incesante de los tísicos que claman y llagan sus culpas sordas e inmunes al olvido,
el olvido que permanece en la memoria de los ciegos sin temores ni esperanzas que azoten el alba.

Hasta que por fin habré dicho sin error alguno en la lengua: esto es lo que miro, nada más, como un resignado dios calmo.

Pero ya me encuentro aquí, sentado, dueño de mi poder y de mi sombra. Tranquilo de poder mirar lo que siempre he sido.

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Constelaciones

BÍO

Mi foto

Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).