06 octubre 2007

Cartas (2006)


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En este desorden que ordena mi vida y la pone a navegar, en esta pasión que a ti me ata, suelo imaginarme a tu lado, poner un pretexto para escribirte, decir mentiras tan ciertas como que el Sol nos hace mirar de otra manera, el viento es fresco, el mar contiene toda la sabiduría. Pero sigo y temo. No tendré alguna hora de sosiego, no podré contigo cuando todos los árboles de la Tierra caigan sobre mis hombros, cuando todas las nubes estén por caer sobre mi pesadumbre. Si hay algo cierto es tu presencia, tu sola voz que se pierde en otro mundo, del cual ya estamos acostumbrados. Átame a tu destino, destroza mi ser con tu ternura, piénsame como sueles hacerlo cuando nadie te está mirando, suéñame, imagíname sin memoria, sin destino, sin morada. Yo he nacido para estar junto a ti, yo veo la luz porque sé que tus ojos me aguardan tras de las flores, el silencio de tu voz iluminada. Bajo la tierra, en la atmósfera, en el agua, en el fuego, tu cuerpo se difunde, tu cuerpo es la magia que siempre he perseguido. Tu voz me llama desde un mundo que he conocido siempre, yo acudo con la mente y te encuentro regando un jardín de rosas salvajes, semidesnuda y sonriente como en los tiempos primeros. Dame cabida en tu ausencia, que nuestras palabras se invoquen, que nuestros pasos se persigan. La conjunción será para nosotros el día que sigamos la misma ruta. La unión carnal nos hará libres. Sólo dame tu mano y acompáñame a sobrevolar el cielo lanzándonos desde la montaña más elevada de la Tierra. El espíritu de todos los seres somos nosotros. La vida, la vida, la vida, es la fuerza que nos sostiene, el beso que nos hace etéreos, la saliva que nos recorre las lenguas, el sudor, los flujos de los cuerpos friccionándose, la sangre al rojo vivo.

21-7-06



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Habíamos sido sacrificados por huestes brutales, habíamos sido borrados de la historia, de la memoria de los hombres. Nos encontraron en tierras sitiadas. Abusaron de nosotros y se tragaron nuestros corazones, hicieron un festín con nuestras vísceras. Los buitres terminaron con nuestros restos, los coyotes royeron nuestros huesos. Habíamos desaparecido de la Tierra. Ahora las tunas salvajes están rodeadas por una niebla helada en las mañanas, unas siluetas forjadas por los sueños. Somos nosotros sitiando la naturaleza, dando al Sol un pretexto para que esparza sus rayos en la Tierra, dando un espacio detenido a las aves para que con su canto den una oportunidad más a los suicidas, un darse cuenta de que el mundo después de todo tiene un pretexto que da paso a la vida, la vida que pulula pasada la muerte, la vida que es el espíritu de todas las cosas muriendo hacia el atardecer. El eco pronuncia nuestros nombres, el mar estalla en las rocas, la Tierra acoge las raíces, la vegetación es un rumor silencioso, los muertos son un sueño desesperado y nosotros el espíritu que mueve a la vida. Hemos vuelto en el aire, desde la muerte insondable de los hombres.
25-7-06

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BÍO

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Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México), Revista de LetrasLa comuna de los desheredados y La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos y Letras hispanas y Síncope (México).